Hay una espectacularidad en la crudeza de la realidad, en las verdades y en las conclusiones que registran el mapa de tu génesis como individuo.
Esa explosión magnífica y luminosa de ver las cosas como son y a las personas tras la sombra que esconden, que temen y que celebran.
Hay algo divino en la vergüenza guardada de quien se cree juzgado, como un grillo que en la noche se escucha solo, en echo, y teme ser el único, ignorando que tiene toda la noche para sí solo, silente, cálida y fresca. Y así se agradece.